Querido Diario, soy yo otra vez..
Escribo estás líneas prometiendo ser constante con esto. Mi promesa es escribir una vez a la semana, para inmortalizar a través de las palabras quien soy ahora y no seré mañana.
Es curioso leerte querido Diario. Leer las entradas pasadas y ver esa joven llena de dolor y con ganas de comerse al mundo.
Hoy, siendo la que soy, puedo decir que he dejado que mi vida la preceda el dolor. El dolor que se alimenta de la falta de amor hacia mi misma. Siento que a estás alturas, no me puedo dar el lujo de seguir despreciando lo que soy y la historia que he construido de mi vida. Está es la historia que hay, así sea llena de dolor y desesperanza.
El problema no es la historia y mucho menos el dolor. Quizás el dolor fue el problema, pero no tiene porqué seguir siendolo toda la vida.
Querida Gabriela, es tiempo de transformar ese dolor en coraje. En coraje para perseguir tus sueños. Ya no puedes seguir teniendo pena de ti misma, ni pensando que esa pena y ese sentimiento de incapacidad constante que te come viva todos los días, va terminar destruyendo a tu hijo. Tu hijo tendrá su propia historia. Tu siendo su madre, tienes derecho a vivir tu propia historia, sin culpas. Si dejas que la culpa sea lo único que te haga actuar, el dolor seguirá siendo parte de tu vida, limitándote cada vez más, al punto de perderte a ti misma por siempre.
Tu hijo te necesita, necesita a esa Gabriela que aún cree en si misma. Se que vive dentro, que está apagada. Es momento de hacer las paces y dejar de repetirte a ti misma que lo único en lo que eres buena es en rendirte sin si quiera intentarlo.
Querida Gabriela, se que necesitas ayuda y que no sabes en dónde buscarla. Se que te sientes estancada y que tienes miedo de que esto dure para siempre. Pero no será así, desde ya harás las cosas diferentes, entendiendo qué ahora tus tiempos son más lentos y que eso no está mal, más bien te ayudará apreciar el proceso. Todo lo que hagas de ahora en adelante lo harás por ti y por tu hijo. Ambos merecen lo mejor.
Querida Gabriela, ven acuéstate y llora una vez más. Ya no estás sola. Puedes escribir en mi cuando quieras y volverte a leer para que hagas las paces contigo las veces que sean necesarias. Este es tu lugar, que se fuga de tu cabeza y tus pensamientos que te aturden y no te dejan dormir. Aún estás a tiempo de lograr lo que quieres.
Querida Gabriela, importa una mierda lo que piensen los demás o lo que crean que eres o porque no eres lo que esperan que seas. Te pregunto a ti, qué quieres tú, qué quieres.
Si ahora mismo necesitas un abrazo y cercanía, abraza a tu hijo y llena tu corazón de ese coraje que necesitas para seguir adelante.
No tienes porqué seguir así. Se que la vida te abruma, que el tiempo o pensar que te falta tiempo y que cuando tienes tiempo no sabes que hacer con el y lo inviertes en consumir cosas que no te llenan por completo, te está matando. Te libero de eso. Has todo a tu ritmo y cuando te sientas lista, acelera tu paso.
Te amo, Gabriela. Te amo tanto, que no voy a dejar que te destruyas. Te voy ayudar, asi que desahógate en mí y luego de cinco años vuelve a leer estas líneas y si toca comenzar de nuevo comenzamos juntas.
Gracias nuevamente, querido Diario.